Hoy fue (en la Basílica de Zapopan) la ceremonia de “Canta misa” de un sacerdote primo hermano de mi esposa.
Hasta donde yo sé la historia, él inició sus estudios con los franciscanos de la Basílica de Zapopan y posteriormente se fue a un Seminario en Monterrey, donde se ordenó hace aproximadamente dos semanas.
Ahora ha regresado con sus compañeros frailes, quienes estuvieron en todo momento con él.
Luego de terminar la ceremonia, fuimos a una fiesta que celebraron en su honor, con un grupo versátil, cena y muchos invitados, entre quienes estaban sus antiguos maestros franciscanos, algunos sacerdotes y sus ex-compañeros.
El detalle curioso fue que el papá del nuevo sacerdote le pidió a todos sus primos hermanos que llevaran ocultas a la fiesta y de repente todos ellos salieron a la calle sin que él se diera cuenta. Lo mejor de todo es que los del grupo también llevaban máscaras. En ese momento se colocaron de espaldas a la gente, se pusieron las máscaras y comenzaron a tocar… “La arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción… en el ring luchaban los cuatro rudos… tarararara, ídolos de la afición”.
Los primos entraron bailando al ritmo de la música y fue algo bastante agradable. Todo mundo sorprendido por lo que estaba pasando, pero muy alegre todo.
Cuando los primos se quitaron las máscaras, los frailes (o al menos, estudiantes), que iban con sus hábitos característicos (Túnica café con cordón), pidieron prestadas las máscaras para tomarse unas fotos, que por cierto quedaron muy padres.
Mi hija se la pasó bailando toda la fiesta y despierta hasta altas horas de la noche.
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