De fiesta

Hoy fuimos a una fiesta infantil y me he dado cuenta que mi hija cada día es más consciente de lo que la rodea, además de que disfruta las cosas que hace.

Por primera vez le ha “pegado” a la piñata (si se le puede llamar pegar a darle unas leves caricias a la piñata).

Se ha subido a unos caballos de juguete, ha corrido por toda el área de juegos infantiles y ha “jugado” con los niños que la rodeaban.

La subimos a una resbaladilla y se aventaba con la sonrisa a todo lo que daba. ¡Qué hermoso es ser padre y disfrutar de tu hija!

Se subió a un brincolín y cargó unas sillitas de plástico.

Eso sí, cada día es de un carácter más difícil y hace berrinche de todo. Alguien me comentaba precisamente hoy que es normal porque los niños se tratan de expresar a esta edad y como no les entendemos, se desesperan bastante.

Este domingo tendremos otra fiesta. A ver qué tal se comporta mi hija.

La sirenita

Hoy mi hija acaba de entrar a una escuela de natación, en donde estará yendo una hora diaria, de lunes a viernes, en compañía de su mamá.

Creo que es muy importante que aprenda a nadar desde este momento (año y medio), porque uno nunca sabe cuándo podrá salvar su propia vida por algo tan simple como nadar. Mi hija ya ha estado en alberca varias veces, pero honestamente, creo que en esos momentos era demasiado pequeña y no tenía conciencia de lo que hacía, ni lo disfrutaba.

Yo nací en un puerto (Ensenada, Baja California), sin embargo nunca aprendí a nadar y de hecho ni siquiera puedo aventarme a una alberca de clavado ni nada por el estilo. Me desespera escuchar el sonido del agua en mis oídos, lo cual me aterra enormemente.

Afortunadamente soy alto (1.85 mts.) así que puedo estar sin problema en la gran mayoría de albercas (en hoteles, balnearios, etc.), pero si algún día mi vida dependiera de saber nadar, creo que ahí se acabaría mi corrido.

Mientras son peras o manzanas, me siento feliz por mi hija y espero que realmente disfrute de esta nueva experiencia para ella.